La casa de perfumes Hellenist Parfums, fundada por Jean-David Jacoby, nace como una memoria. El término helenista designaba a quien, sin ser griego de origen, vivía y pensaba según la lengua, la cultura y la sensibilidad de Grecia. Bajo esta idea, HELLENIST se construye como una marca inspirada en el mundo helénico, sus paisajes atemporales y su patrimonio cultural universal.
Para Hellenist, la cultura griega forma parte de nuestro inconsciente colectivo; mitos, héroes, imágenes y sensaciones que nos acompañan desde la infancia. A través de la alta perfumería, la marca propone una odisea sensorial que conecta pasado y presente, convirtiendo cada fragancia en un templo de recuerdos, un espacio donde el tiempo parece suspenderse.
La filosofía de la casa se apoya en un lujo pasado y silencioso. Hellenist valora la artesanía, la creación consciente y el respeto por los materiales nobles, papel, madera, vidrio y cerámica, trabajados en formas suaves y orgánicas. Como auténtica casa mediterránea, inspirada en Grecia y fabricada en Francia, la marca mantiene un fuerte compromiso medioambiental y una identidad artística que dialoga con la gran tradición cultural del Mediterráneo.
Durante siglos, la historia del Batallón Sagrado de Tebas fue relegada a los márgenes. Esta unidad de élite del ejercito tebano estaba compuesta por 150 parejas de hombres que combatían junto aquel a quien amaban. No se trataba de una excentricidad, sino de una convicción, nadie lucharía con mayor entrega que quien protege el cuerpo que desea, el vinculo que le da sentido.
Bajo el mando de Pelópidas, el Batallón Sagrado permaneció invencible durante décadas, hasta su caída en la Batalla de Queronea en el año 338 a.C. Allí, los 300 hombres murieron juntos frente a las tropas de Filipo II de Macedonia y su hijo Alejandro Magno.
Aquellos guerreros encarnaban una verdad incómoda; que el amor puede ser disciplina, estrategia y coraje. Durante mucho tiempo esta historia fue ignorada, eclipsada por una mirada contemporánea incapaz de reconciliar heroicidad y amor entre hombres. Hoy, poco a poco, vuelve a ocupar el lugar que merece.
Es en este contexto donde nace LA NUIT DES 300. No es un perfume sobre la guerra, sino sobre el instante en que todo se reduce a lo esencial. El momento en el que el mundo se apaga y solo queda el otro, la respiración cercana, el calor humano y la piel convertida en refugio y juramento.
Esta creación lleva la firma de MAURICE ROUCEL, uno de los grandes maestros de la perfumería contemporánea, Aquí, su escritura es contenida, carnal y profundamente emocional. El eje del perfume es un almizcle profundo, vivo, casi palpitante, que se funde con la piel desde el primer instante
La apertura es pulcra y sorprendentemente luminosa. El almizcle marca desde el inicio una sensación atalcada, suave, casi táctil, que se mezcla con la bergamota, aportando un destello cítrico discreto, y con la artemisia, responsable de un matiz herbal y aromático ligeramente amargo.
Este inicio recuerda a la ropa limpia sobre la piel, a un cuerpo recién lavado.
En el corazón, la fragancia comienza a respirar. La lavanda aporta una elegancia aromática clásica, serena, mientras el ambroxano introduce una dimensión más ambarada y amaderada, amplificando la sensación de piel caliente. El haba tonka suaviza el conjunto con una dulzura contenida, que actúa como puente entre lo limpio y lo carnal. Aquí, La Nuit des 300 deja de ser simplemente un perfume agradable y empieza a volverse íntimo.
En el fondo, el pachuli, el sándalo y la nota sintética de muscenona construyen una base profunda, densa y persistente, donde el almizcle se vuelve más oscuro y animal. La evolución final evoca claramente el calor de la piel, el sudor limpio jabonoso, la cercanía de los cuerpos.
Maurice Roucel demuestra su maestría en el trabajo con los almizcles como lenguaje emocional. Esta fragancia es unisex, tal vez un poco más masculina, con una estela moderada y gran duración.
La Nuit des 300 es un perfume que se adapta al cuerpo de quien la lleva hasta volverse casi indistinguible de su olor propio. No se impone, se funde.









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