BUENOS AIRES de Gallivant; El Alma de Argentina Encapsulada en un Frasco de Perfume.
La capital argentina posee una sensualidad difícil de explicar porque no nace únicamente de su arquitectura, de sus cafés antiguos o de la nostalgia inevitable del tango. Su magnetismo habita en algo más íntimo: en el humo tibio que flota sobre las parrillas al caer la noche, en la madera gastada de los bares, en el cuero envejecido de los abrigos, en la vainilla tostada que se escapa de las confiterías donde reposan los alfajores y el dulce de leche. Buenos Aires huele a vida vivida intensamente.
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| Buenos Aires ( Argentina ) |
Esa memoria emocional fue precisamente la semilla de Buenos Aires, la creación de Gallivant. Más que retratar una postal turística, la fragancia funciona como una carta de amor olfativa escrita desde el recuerdo. Nick Steward, fundador de la casa, rememora su llegada adolescente al aeropuerto de Ezeiza en 1991: el olor a cuero, las colonias capilares, la elegancia ligeramente decadente de la ciudad y la calidez inmediata de los porteños quedaron grabados para siempre en su memoria.
El resultado no es un perfume sobre Argentina entendido desde el exotismo fácil, sino una evocación profundamente humana. Un viaje sentimental hecho de pequeños detalles: conversaciones de madrugada, cafés parisinos bajo la luz gris del invierno austral, humo de tabaco, vino tinto servido lentamente y la melancolía sofisticada de una ciudad que parece bailar incluso cuando permanece quieta.
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| Confitería La Ideal (Buenos Aires) |
Gallivant y su fundador
Gallivant nació en Londres bajo la dirección creativa de Nick Steward, una figura ampliamente respetada dentro de la perfumería artística contemporánea. Tras más de dos décadas trabajando entre Londres y París —incluyendo su etapa como Director Creativo y de Producto de L'Artisan Parfumeur— Steward decidió crear una firma que devolviera el perfume a una dimensión más honesta y emocional.
La filosofía de Gallivant gira en torno al viaje entendido no como lujo ostentoso, sino como experiencia humana. Sus composiciones hablan de lugares reales, de recuerdos y sensaciones cotidianas. Son perfumes pausados, contemplativos, concebidos como un antídoto frente a la velocidad del mundo moderno.
Existe en la firma una sensibilidad muy particular: el refinamiento francés convive con una mirada británica más sobria y relajada. Nada resulta excesivo. Todo parece construido desde la autenticidad de las materias primas y el amor por el detalle artesanal.
Cada creación se desarrolla junto a perfumistas independientes y se elabora entre Grasse y los Cotswolds ingleses mediante procesos lentos y de producción limitada. Esa voluntad de hacer las cosas sin estridencias define perfectamente el espíritu de la marca: lujo silencioso, profundamente humano y libre de artificios.
Buenos Aires de Gallivant
Lanzado como un homenaje íntimo a la capital argentina, Buenos Aires posee una personalidad cálida, envolvente y sorprendentemente emocional. La composición fue creada por Karine Chevallier en estrecha colaboración con Nick Steward, y ambos consiguieron evitar el camino más obvio: aquí no hay un tango caricaturesco ni un dramatismo exagerado.
Esta fragancia unisex se mueve entre la elegancia urbana y una sensualidad ligeramente salvaje. Tiene algo de café antiguo, de chaqueta de cuero suavizada por el tiempo y de sobremesa interminable acompañada por vino tinto y postres cremosos. Pero también hay una luminosidad verde y aromática que impide que la composición se vuelva pesada.
Lo más interesante es quizá esa dualidad constante entre sofisticación y cercanía. Buenos Aires puede sentirse refinado, incluso melancólico, pero nunca distante. Conserva un calor humano muy reconocible, como el abrazo sincero de alguien que habla apasionadamente con las manos mientras el humo del mate asciende lentamente entre conversaciones nocturnas.
Salida
La apertura resulta inesperada y magnética. El acorde de uva aparece de inmediato, jugoso y ligeramente oscuro, como el reflejo púrpura de una copa de vino servida en un restaurante iluminado tenuemente. No es una fruta dulce ni juvenil; posee una textura más madura, casi vinosa, envuelta por cítricos vibrantes que aportan un destello luminoso y efervescente.
El petitgrain introduce una dimensión verde y aromática que recuerda al aire fresco entrando por los balcones de una avenida arbolada. Durante esos primeros minutos, el perfume transmite movimiento y energía: la sensación de llegar a una ciudad desconocida de madrugada, con la promesa de una noche todavía por descubrir.
Corazón
Poco a poco, la composición se vuelve más íntima. La flor de ceibo ( Flor nacional de Argentina), emerge con una delicadeza aterciopelada, aportando un matiz floral suave y dulce pero contenido, lejos de cualquier exuberancia tropical. Aquí aparece también la yerba mate, quizá uno de los elementos más fascinantes del conjunto.
El mate introduce una textura seca y ahumada, entre heno tibio, hojas aromáticas y tabaco suave. Esa faceta herbal dialoga con un acorde fougère clásico que aporta cierta sofisticación vintage, como el recuerdo difuso de una barbería elegante o de una colonia masculina antigua reinterpretada desde una sensibilidad contemporánea.
En esta etapa, Buenos Aires adquiere profundidad emocional. La fragancia ya no habla únicamente de una ciudad; habla de las personas que la habitan, de su orgullo silencioso, de su melancolía refinada y de esa mezcla tan particular entre nostalgia y vitalidad.
Fondo
El secado es cálido, cremoso y profundamente adictivo. El haba tonka se despliega lentamente con sus matices amaderados, especiados y ligeramente almendrados, creando una sensación envolvente que recuerda a tejidos suaves calentados por la piel.
El acorde de dulce de leche aparece entonces como un susurro gourmand delicadamente dosificado. No domina la composición ni la vuelve azucarada; simplemente aporta una ternura cremosa que humaniza el conjunto y le da una dimensión casi afectiva.
Finalmente, el cuero emerge desde el fondo con una elegancia flexible y sensual. No es un cuero oscuro y agresivo, sino vivido, pulido por el tiempo, impregnado de humo y de historias. La piel queda envuelta en una estela cálida, ligeramente ahumada y reconfortante, como el aroma que permanece en la ropa tras una noche larga de conversaciones y música.
Buenos Aires se mueve entre el ámbar cálido, los acordes aromáticos y un fondo cuero-gourmand extraordinariamente sofisticado. Tiene facetas verdes, ahumadas y cremosas que conviven con absoluta naturalidad, generando una sensación de profundidad emocional poco habitual.
Es una creación introspectiva y elegante, pero también muy humana. Hay glamour en ella, sí, aunque nunca resulta ostentoso. Más bien recuerda a esa belleza imperfecta y cinematográfica de las grandes ciudades antiguas: lugares donde la melancolía convive con la pasión y donde cada esquina parece contener una historia.
La fragancia crea una atmósfera contemplativa y nocturna. Invita a caminar despacio, a perderse entre cafés, librerías y avenidas iluminadas por farolas amarillas. Tiene algo de nostalgia cálida y algo de abrazo silencioso. Y quizá por eso resulta tan conmovedora.











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