Canta en Mi Funeral de TOMBSTONE: La Serenidad de Recordar que la Vida es Hoy

 Hablar de una casa de perfumes llamada TOMBSTONE ( Lápida Sepulcral ) puede provocar cierta sorpresa.

Una lápida no suele ser el primer objeto que asociamos con la perfumería artística. Mucho menos con una fragancia. Y, sin embargo, ahí está precisamente la originalidad de este proyecto: mirar de frente a la muerte para hablar de la vida.


En un mundo de perfumes que suelen prometer juventud, seducción, lujo o eternidad, Tombstone decide empezar por aquello que todos compartimos y de lo que normalmente preferimos no hablar demasiado: nuestra propia desaparición.

Pero no lo hace desde la tristeza.

Lo hace con ironía, con cierta provocación y, sobre todo, con una enorme curiosidad por la condición humana.

La lápida deja entonces de ser únicamente un símbolo del final para convertirse en una pregunta: qué historia queremos contar mientras todavía estamos aquí?

Una lápida sin nombre

El concepto de TOMBSTONE gira alrededor de una idea tan sencilla como poderosa.

Las lápidas tradicionales llevan un nombre, unas fechas y, en ocasiones, unas últimas palabras. Alguien decide cómo seremos recordados cuando ya no podamos intervenir en nuestra propia historia.

TOMBSTONE hace exactamente lo contrario.

Sus frascos tienen forma de lápida, pero no llevan inscripción alguna. No encontramos nombre, epitafio ni mensaje. La piedra está ahí, pero permanece en silencio.


La intención es clara: nadie debería tener el derecho de definirnos completamente.

Cada botella está elaborada a mano y posee una textura y un color diferentes. Los tapones están tallados en mármol natural, de modo que cada pieza es distinta de las demás.

Una pequeña imperfección deja de ser un defecto y se convierte en identidad.

Como las personas.

La filosofía de la casa propone así recuperar el control de la propia narrativa y convertir la conciencia de la mortalidad en una forma de vivir con mayor intensidad.

Y quizá por eso el perfume que hoy protagoniza este artículo tenga un nombre tan hermoso como inesperado.

Canta en mi funeral (Sing at My Funeral).


Un funeral en el que nadie debería llorar demasiado

La fragancia ha sido creada por la perfumista Yenchi a partir de una imagen muy personal: imaginar cómo le gustaría que fuese su propio funeral.

La respuesta no tiene nada de sombría.

En su imaginación, la despedida está llena de ligereza y alegría. Es una ocasión para compartir recuerdos, música, flores y todos esos momentos que hicieron que la vida mereciera la pena.

Su frase de inspiración resume perfectamente la idea:

“Que mi partida sea un canto de amor y alegría, una melodía que recoja todos los momentos que hicieron de mi vida un gran viaje que valió la pena vivir.”

Es difícil no sonreír ante una propuesta así.

Porque aquí el funeral no es el protagonista.

Lo es la vida que hubo antes.

Y Sing at My Funeral no intenta imaginar el olor de la muerte, sino el perfume de una despedida que celebra todo lo vivido.


La menta abre las puertas

La fragancia comienza con menta, miel y neroli.

La menta aporta inmediatamente una sensación fresca y limpia, casi como una bocanada de aire que atraviesa la escena. Es una salida viva, luminosa, lejos de cualquier solemnidad.

Después llega la miel, que introduce un matiz cálido y suave, y junto al neroli consigue que el comienzo tenga algo muy luminoso y floral.

El neroli aporta además ese carácter cítrico y floral que recuerda a las flores blancas iluminadas por el sol.

No parece el comienzo de un funeral.

Parece más bien el comienzo de una celebración.

Flores para despedir una vida

En el corazón aparecen jazmín, lirio de los valles y lirio.

Las flores blancas aportan elegancia, frescura y una sensualidad delicada.

El jazmín da mayor profundidad al corazón.

El lirio de los valles aporta una faceta limpia y luminosa.

Y el lirio añade una sensación más elegante y ligeramente empolvada.

El resultado es un bouquet floral que podría encontrarse perfectamente en una ceremonia de despedida, pero que aquí adquiere otro significado.

No son flores para llorar.

Son flores para recordar.

Para pensar en una persona y en todo lo que dejó detrás.

Para recordar una risa, una conversación, un viaje o una tarde cualquiera que, sin saberlo, terminó convirtiéndose en un recuerdo importante.


Al final siempre está la tierra

El fondo de Canta en mi funeral (Sing at My Funeral) se construye alrededor de madera de cedro, vetiver y ámbar.

El cedro aporta estructura y una sequedad amaderada elegante.

El vetiver introduce la conexión con la tierra, una faceta más vegetal y terrosa que parece devolver la composición a la naturaleza.

Y el ámbar aporta calor y suavidad, envolviendo el conjunto con una sensación confortable.

Aquí la fragancia cambia de ritmo.

La frescura inicial se calma, las flores se vuelven más serenas y aparece una base cálida y estable.

Como si la celebración terminara y quedara finalmente el silencio.

Pero es un silencio tranquilo.

No triste.


TOMBSTONE y la libertad de hablar de la muerte

Hay algo que resulta especialmente interesante en TOMBSTONE: no pretende que nos olvidemos de la muerte.

Pretende que dejemos de tenerle tanto miedo.

La marca utiliza sus perfumes para explorar cuestiones que normalmente quedan fuera de la perfumería: la mortalidad, la memoria, la identidad, la vulnerabilidad y aquello que hacemos con el tiempo que tenemos.

Cada creación se convierte así en una pequeña pieza artística.

Y el frasco en forma de lápida deja de parecer una provocación gratuita para convertirse en una metáfora bastante sencilla:

la muerte forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué ser escrita por nosotros.

En Canta en mi funeral, esa idea alcanza una expresión especialmente luminosa.

Una fragancia que comienza con menta y neroli, pasa por un corazón de flores blancas y termina sobre cedro, vetiver y ámbar podría parecer, desde el punto de vista de la composición, una historia relativamente clásica.

Pero el concepto cambia completamente su significado.

Aquí las flores no hablan de despedida.

Hablan de memoria.

La miel no es solamente dulzura.

Es calidez humana.

La tierra no representa únicamente el final.

También es nuestro origen.


El resultado es una fragancia floral, fresca, ligeramente dulce y amaderada, con una sensación cálida y luminosa.

Pero quizá lo más interesante de Sing at My Funeral no sea cómo huele.

Es lo que nos obliga a pensar.

Porque imaginar nuestro propio funeral puede parecer una idea un poco macabra.

Hasta que alguien nos propone hacerlo con música.

Con flores.

Con recuerdos.

Y, sobre todo, con la alegría de saber que la vida valió la pena vivirla.

Quizá esa sea la verdadera provocación de TOMBSTONE.

No recordarnos que vamos a morir.

Sino preguntarnos qué estamos haciendo mientras todavía estamos vivos.

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