A Blvd. Called Sunset de What We Do Is Secret: El Aroma de un Atardecer Eléctrico en Los Ángeles

 Cuando los vientos de Santa Ana azotan Los Ángeles, las luces de neón brillan con más intensidad y la cordura empieza a torcerse. Es la excusa perfecta para la locura; esa misma que empujaba a The Doors a incendiar el escenario del Whisky a Go Go y a Ed Ruscha a recorrer el asfalto abrasado del Sunset Strip, observando la ciudad a través de una mirada gráfica, casi hipnótica. Pocos lugares en el mundo concentran tanta mitología urbana como este tramo de carretera: un territorio de autopistas, palmeras, gasolina, música y ángeles caídos donde el arte pop y el rock psicodélico terminaron formando parte del mismo paisaje.

Recorrer Sunset Boulevard hacia el Pacífico con la radio a todo volumen, mientras el sol desciende detrás de las colinas, es una experiencia difícil de explicar con palabras. No es solamente un trayecto. Es una actitud, una determinada forma de mirar Los Ángeles. Y es precisamente de esa simbiosis entre la fotografía de Ruscha, el universo de The Doors y la energía eléctrica de la ciudad de donde nace A Blvd. Called Sunset. ( Un Bulevar llamado Sunset )


What We Do Is Secret ( Lo Que hacemos Es Secreto )

Detrás de esta creación se encuentra What We Do Is Secret, una casa con una historia poco convencional. Su origen se remonta a 2005, cuando su fundador, Nobi Shioya, creó en Nueva York un estudio de escultura que acabaría convirtiéndose en un espacio de exploración entre arte, arquitectura, fotografía, diseño, cine y aroma. Nacida en Nueva York y criada en Japón, no.bi se acercó a la perfumería desde el terreno del arte contemporáneo, mucho antes de que expresiones como arte olfativo fueran habituales en la conversación perfumística.

Durante años, ese proyecto estuvo asociado a nombres como A Lab on Fire, y finalmente todas aquellas experiencias quedaron reunidas bajo el nombre de What We Do Is Secret. Pero hay una frase de su fundadora que explica mejor que cualquier manifiesto hacia dónde ha evolucionado la casa: “El arte puede sobrevivir sin placer. El perfume no.” Para no.bi, una fragancia debe relacionarse con el cuerpo y con la vida cotidiana; debe seducir, reconfortar, obsesionar, perturbar o convertirse en parte de la memoria de quien la lleva.

No resulta extraño, por tanto, que sus perfumes nazcan de asociaciones culturales tan concretas. En este caso, Los Ángeles no es un simple decorado: es el verdadero protagonista.

A Blvd. Called Sunset

A Blvd. Called Sunset es un Extracto de Perfume unisex elaborado en Francia, y creado por el maestro perfumista Maurice Roucel. Su estructura oficial se articula alrededor de bergamota y almendra en la salida; violeta, jazmín y cuero en el corazón; y sándalo, vainilla de Madagascar y haba tonka en el fondo. La propia casa lo define como un homenaje al Sunset Boulevard y a los escenarios de rock, al océano, al asfalto y a esa mezcla tan peculiar de belleza y rebeldía que identifica a Los Ángeles.

Y el perfume comienza exactamente donde cabría esperarlo: en la luz.

La bergamota aparece brillante, fresca y chispeante, como una corriente de aire salado que entra por la ventanilla de un coche mientras la carretera desciende hacia el océano. No tiene la serenidad de una colonia clásica; es más viva, más eléctrica, más urbana.

A su lado aparece la almendra, seca y penetrante. No busca convertirse en un acorde de repostería. Su carácter es más áspero, casi crudo, con una cualidad ligeramente amarga que introduce desde el principio una tensión muy interesante. Es como pasar del aire limpio del Pacífico al pavimento caliente de Sunset Boulevard en apenas unos segundos.

Y ahí empieza a aparecer la verdadera personalidad de la fragancia.

Violeta, cuero y una ciudad que sigue caliente

A medida que la salida pierde intensidad, A Blvd. Called Sunset se vuelve más oscuro. La violeta aporta una textura empolvada y ligeramente verde, casi fría, que contrasta con la luminosidad inicial. El jazmín se incorpora con discreción, aportando limpieza y una suavidad floral que evita que el perfume se vuelva demasiado severo.

Pero es el cuero quien introduce el cambio decisivo.

Es un cuero flexible, usado, con cierta textura urbana. No recuerda a una pieza nueva y perfectamente pulida, sino a una cazadora que ha acompañado muchas noches o al interior de un automóvil después de recorrer kilómetros bajo el sol. Tiene algo ligeramente áspero, incluso ahumado, pero permanece suficientemente ligero para no aplastar las flores.

En este momento la fragancia adquiere una cualidad muy característica: parece oscilar entre la elegancia empolvada de la violeta y la crudeza del cuero, entre lo limpio y lo gastado, entre una flor delicada y la superficie caliente de la ciudad.

Ese contraste es, probablemente, una de las claves de A Blvd. Called Sunset.

No pretende recrear un Los Ángeles de postal. Prefiere quedarse con el que aparece cuando desaparece la luz turística: el asfalto todavía caliente, los bares, las carreteras, el cuero, el aire marino y ese extraño romanticismo que nace cuando la ciudad comienza a iluminarse de noche.


El momento en que llega la noche

El secado cambia nuevamente de registro. El sándalo aporta una textura cremosa que comienza a envolver las facetas más secas de la composición. Después aparecen la vainilla de Madagascar y el haba tonka, pero lo hacen sin convertir el perfume en un dulce convencional.

Aquí la tonka resulta cálida, almendrada y ligeramente empolvada. La vainilla redondea los bordes y el sándalo aporta una sensación suave, casi táctil. Es como si aquel paisaje urbano comenzara a ralentizarse.

La salida tenía velocidad.

El corazón tenía actitud.

El fondo tiene memoria.

La fragancia se vuelve progresivamente más confortable sin perder la sombra del cuero ni esa corriente seca que atraviesa la composición. Incluso en su parte más cálida conserva algo de la atmósfera mineral y soleada de la ciudad. Algunas facetas recuerdan al asfalto calentado por el sol, mientras otras se acercan a la suavidad del polvo, la madera y la piel.

La evolución es especialmente atractiva porque ninguna de sus materias parece querer dominar completamente a las demás. Almendra, violeta, jazmín, cuero, sándalo, vainilla y haba tonka mantienen sus contornos y, al mismo tiempo, van cambiando de posición a medida que transcurren las horas. El perfume puede sentirse más fresco, más floral, más seco o más cálido dependiendo del momento, como un paisaje de Los Ángeles sometido a una luz que nunca permanece igual.


Un perfume con banda sonora

 A Blvd. Called Sunset intenta representar una ciudad a través de su temperatura, su ritmo y sus recuerdos.

Tiene algo de carretera nocturna, de música escapando de un club, de una chaqueta de cuero apoyada sobre un asiento, de sal marina en el aire y de hormigón que todavía conserva el calor del día.

Por eso la relación con The Doors y Ed Ruscha resulta tan natural. Uno aportó la dimensión musical y psicodélica del Sunset Strip; el otro, la mirada obsesiva hacia las carreteras, los anuncios, los edificios y esa banalidad urbana que, observada de cerca, termina adquiriendo una belleza inesperada. El perfume recoge ambas sensibilidades y las convierte en materia olfativa.

No reproduce literalmente un lugar. Reproduce una sensación de Los Ángeles.

Y quizá por eso funciona mejor imaginarlo con el coche en movimiento, la radio encendida y el Pacífico apareciendo al final de la carretera. 

Como una película que termina pero cuya música continúa sonando unos minutos más.

A Blvd. Called Sunset no embotella el Sunset Boulevard. Embotella el momento exacto en que Los Ángeles deja de ser una ciudad y se convierte en un recuerdo.





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