Atlantis de Contes de Parfums: El Eco de Una Ciudad Mitológica Perdida Bajo el Mar
En los diálogos Timeo y Critias, Platón dejó escrita una historia que todavía hoy conserva intacta su capacidad de fascinarnos. Más allá de las Columnas de Hércules, decía, existió una enorme isla rica y poderosa, cubierta de bosques, atravesada por canales y coronada por templos y grandes construcciones. La Atlántida desapareció de forma repentina bajo el mar, en lo que el relato describe como «un día y una noche terribles».
Desde entonces, la historia ha pasado de generación en generación. Se han buscado sus restos en distintos lugares, se han dibujado mapas intentando localizarla y se han formulado innumerables teorías sobre su posible origen. La investigación actual considera que la Atlántida de Platón es una construcción literaria, aunque el mito pudo haber recogido ecos de antiguas catástrofes naturales.
Y quizá ahí esté precisamente su encanto. No tenemos una ciudad que visitar. No conocemos sus ruinas. Solo tenemos una historia y todo lo que nuestra imaginación quiera poner dentro de ella.
Contes de Parfums ha decidido ponerle olor.
Contes de Parfums
Contes de Parfums nació con una idea poco habitual: dar protagonismo a los perfumistas y permitirles contar, a través de sus creaciones, historias que en muchas ocasiones no podrían expresarse con palabras.
La casa presenta sus perfumes como relatos íntimos transformados en materia olfativa. Su primera colección, Cities, se construyó alrededor de experiencias vinculadas a ciudades reales: lugares visitados, recuerdos concretos y momentos personales que los perfumistas decidieron compartir.
Después llegó Timeless Cities, una colección que cambia por completo la relación entre perfume y lugar. Aquí aparecen Pompeya, Babilonia, Samarcanda, Alejandría, Angkor y su último lanzamiento al mercado, ATLANTIS: ciudades reales, antiguas o imaginarias, unidas por el paso del tiempo y por la huella que han dejado en nuestra memoria.
Atlantis encaja perfectamente en este concepto porque pertenece a un territorio que nadie puede comprobar y que, sin embargo, todos creemos conocer.
Jean-Christophe Hérault
La composición lleva la firma de Jean-Christophe Hérault, perfumista sénior de IFF, establecido en París.
Su relación con el perfume comenzó en la adolescencia, cuando recibió un frasco de Joop! for Men. Aquella experiencia despertó una curiosidad que acabaría llevándolo a estudiar química y a realizar prácticas en un laboratorio de Grasse.
Allí conoció a Pierre Bourdon, una figura fundamental en su formación. Hérault le pidió que fuera su mentor y Bourdon aceptó con una condición: que su aprendizaje no se limitara a la perfumería. Debía interesarse también por la literatura, la cocina, las artes visuales y todo aquello que pudiera ampliar su sensibilidad.
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| Jean Christophe Hérault |
Esa enseñanza parece haber sido decisiva en su manera de entender el oficio. Hérault se define como un perfumista interesado en crear emociones y en utilizar las materias primas como una forma de contar historias. También siente una especial predilección por los acordes de humo y cuero, capaces de provocar recuerdos muy físicos, como el olor de una hoguera.
Su trayectoria pasa por casas como Balenciaga, Comme des Garçons, Viktor & Rolf, Paco Rabanne y Dolce & Gabbana, además de su trabajo en Aventus de Creed. Pero Atlantis pertenece a otro registro: aquí no busca la potencia frutal ni el carácter de una fragancia de gran proyección, sino construir un paisaje.
Atlantis
Atlantis pertenece a las familias acuática y amaderada, pero sería demasiado sencillo reducirla a una fragancia marina.
Esta composición unisex parte de una imagen mucho más concreta: el mar cubriendo una ciudad antigua.
La salida reúne sal marina, azafrán y algas. El primer contacto tiene una frescura mineral y salada, bastante más seca que la de un perfume acuático convencional. La sal marina aporta esa sensación de aire húmedo y piedra mojada que parece quedar suspendida alrededor del perfume, mientras las algas introducen una faceta verde, húmeda y ligeramente oscura.
Y entonces aparece el azafrán.
Su carácter cálido y especiado contrasta con la frialdad marina de la salida. No convierte el perfume en algo oriental o excesivamente opulento; simplemente introduce una nota cálida que hace que el paisaje resulte menos limpio y más antiguo.
Es una combinación muy sugerente: el mar frío y salado frente a una materia especiada y seca.
Cuando la ciudad empieza a desaparecer...
En el corazón, el perfume se vuelve más oscuro.
El cipriol, el musgo y el jazmín de la India construyen una fase mucho más húmeda y profunda. El musgo aporta esa sensación de vegetación que ha crecido sobre la piedra durante años, mientras el cipriol introduce una nota más seca, terrosa y amaderada.
El jazmín de la India aparece de una manera contenida. No convierte Atlantis en un floral; funciona más bien como un pequeño rastro luminoso dentro de un paisaje que empieza a oscurecerse.
Aquí es donde la imagen de la ciudad sumergida cobra fuerza. La sensación no es la de estar nadando en el océano, sino la de encontrar algo que lleva mucho tiempo debajo de él.
Piedra húmeda.
Vegetación.
Sal.
Una antigua superficie que ya no pertenece del todo al mundo humano.
El fondo: madera, piedra y tiempo
El secado lleva la fragancia hacia un terreno más seco y cálido.
El cedro de Virginia se convierte en el elemento fundamental de la base. Su carácter amaderado aporta estructura y una sensación seca que contrasta con la humedad del musgo y las algas.
A su alrededor aparecen ambroxán y almizcle, que suavizan la composición y dejan una estela más limpia y envolvente. Pero Atlantis nunca abandona por completo su lado mineral. Incluso cuando la madera adquiere protagonismo, permanece esa impresión de piedra mojada y de aire salado.
El resultado es muy interesante porque la fragancia parece moverse continuamente entre dos espacios.
El mar y la tierra.
Lo húmedo y lo seco.
La oscuridad del fondo y la luz que todavía consigue atravesar el agua.
La propia casa describe el cedro como un puente entre la leyenda y la realidad, y esa imagen resume bastante bien lo que ocurre durante el secado.
Un perfume acuático diferente
Los acordes principales de Atlantis dibujan un paisaje bastante concreto: amaderado, almizclado, terroso, marino, floral blanco, musgoso, ambarado, cálido especiado, salado y ligeramente atalcado.
Pero lo que hace que la composición resulte especial es la manera en que estos acordes se encuentran.
La sal marina y las algas aportan frescura y humedad.
El azafrán introduce calor.
El musgo y el cipriol oscurecen el paisaje.
El jazmín aporta una pequeña luz floral.
Y finalmente el cedro, el ambroxán y el almizcle construyen una base seca, cálida y envolvente que recuerda a madera antigua y piedra que emerge lentamente del océano.
No es el olor de una playa.
Es el olor imaginario de algo que lleva siglos bajo el agua.
Una ciudad que solo existe en nuestra memoria
La fragancia no intenta reconstruir la Atlántida como si fuera un escenario cinematográfico lleno de palacios, metales preciosos y templos gigantescos. Se queda con algo mucho más sencillo y, para mí, mucho más atractivo: aquello que podría haber quedado después.
El agua.
Las piedras.
El musgo.
La madera.
El recuerdo.
Y precisamente ahí vuelve a aparecer la filosofía de Contes de Parfums. Sus perfumes no necesitan contarlo todo. Sugieren una historia y dejan que la persona que los lleva complete el resto.
Jean-Christophe Hérault consigue hacerlo con una estructura contenida y muy atmosférica, donde unas pocas materias bien escogidas bastan para crear una imagen mental bastante poderosa.
Atlantis no nos permite encontrar la ciudad perdida. Nos permite imaginar cómo podría oler después de siglos bajo el mar.








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