Éveil du Faune de Hellenist: El Secreto del Fauno en el Bosque de Folói
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El bosque de Folói, en el Peloponeso, guarda una de esas historias de la mitología griega en las que la naturaleza y el instinto terminan encontrándose. Allí vivía Folo, el centauro que acogió a Hércules durante su viaje y que, según la leyenda, acabó dando nombre al bosque. Éveil du Faune, el nuevo perfume de Hellenist, nace precisamente de ese escenario: un bosque cálido y húmedo, la luz del otoño entre los robles y la aparición de ese impulso primitivo que transforma la calma en deseo.
Hellenist, una Grecia que permanece en la memoria
Hellenist ha construido su identidad alrededor de una idea muy concreta: la Grecia que todos llevamos en algún lugar de la memoria.
No se trata únicamente de templos, dioses o héroes de la Antigüedad. La casa habla de un patrimonio cultural que forma parte de nuestro imaginario colectivo, de aquellas historias, imágenes y paisajes que conocimos desde niños y que, de alguna manera, permanecen con nosotros mucho después.
El propio nombre de la marca procede de helenista, un término utilizado para designar a quien, durante la época helenística, había adoptado la lengua, la mentalidad y la forma de vida griegas sin tener necesariamente ascendencia griega. Una idea que encaja con la visión de Hellenist: Grecia como una cultura capaz de viajar, mezclarse y sobrevivir al paso del tiempo.
La perfumería se convierte así en una forma de recuperar esas historias y devolverlas al presente.
Hellenist habla de una “continuidad temporal”, de construir puentes entre pasado y presente mediante el arte y el perfume. Cada fragancia parte de una historia, un personaje o una imagen para transformarla en una experiencia sensorial.
La casa se define también por un marcado carácter mediterráneo. Sus perfumes están inspirados en Grecia y fabricados en Francia, mientras que su universo material recurre a elementos sencillos como el papel, la madera, el vidrio y la cerámica. Formas suaves y redondeadas, alejadas de la ostentación, que buscan mantener ese vínculo con la naturaleza que está presente en toda su identidad.
También el arte ocupa un lugar importante. Las ilustraciones de Carlo Amen acompañan el universo de Hellenist y establecen una conexión deliberada con algunos de los grandes artistas mediterráneos, entre ellos Fassianos, Picasso, Miró o Cocteau.
Grecia es, para la casa, un templo. Y los perfumes son una manera de conservar aquello que sucede dentro de él: los recuerdos.
Folo, el centauro que dio nombre al bosque
Para comprender Éveil du Faune, hay que adentrarse en Folói.
En la mitología griega, el bosque está relacionado con Folo (Pholos), un centauro muy diferente de aquellos que aparecen habitualmente asociados a la violencia y al desenfreno. Folo era conocido por su carácter amable, pacífico y hospitalario, además de por sus conocimientos sobre las plantas y las raíces del bosque.
Hasta allí llegó Hércules mientras perseguía al Jabalí de Erimanto, durante uno de sus célebres trabajos.
Folo recibió al héroe como huésped y compartió con él una comida. Pero aquella visita terminaría desencadenando una tragedia.
Durante la cena, Hércules pidió vino. Folo guardaba una vasija de vino sagrado que, según el relato que inspira la fragancia, había sido entregada por Dioniso a los centauros generaciones atrás, con la condición de abrirla únicamente cuando Hércules llegara.
Cuando finalmente se destapó la vasija, el aroma del vino comenzó a extenderse por el bosque.
Era un olor dulce, poderoso y embriagador. Tan intenso que los demás centauros, que habitaban en las cuevas cercanas, pudieron percibirlo desde la distancia.
La fragancia del vino despertó en ellos algo mucho menos civilizado.
Los centauros salvajes acudieron hasta la cueva de Folo armados con rocas y troncos de abeto. Hércules consiguió enfrentarse a ellos y hacerlos huir utilizando sus famosas flechas envenenadas con la sangre de la Hidra de Lerna.
Pero la historia no terminó con la batalla.
Folo observó una de aquellas flechas y, sorprendido por el poder de un arma tan pequeña, quiso examinarla. Al manipularla, la flecha se le escapó accidentalmente y le hirió en el pie. El veneno acabó con su vida.
Hércules, apenado por la muerte de quien había sido su anfitrión, enterró a Folo con honores.
Desde entonces, el bosque llevaría su nombre: Folói.
Es en este lugar donde Hellenist imagina el despertar del fauno.
Un bosque que despierta
La historia que acompaña a Éveil du Faune no describe una escena violenta. Al contrario. Todo comienza con una sensación casi apacible.
Una brisa cálida recorre el bosque. El suelo está cubierto de hojas húmedas. Los primeros rayos del sol de otoño atraviesan lentamente las ramas de los robles.
Y entonces algo cambia.
Un calor inesperado recorre el cuerpo. La respiración se acelera. Los pensamientos se inquietan. Lo que hasta ese momento parecía inocente comienza a adquirir otra dimensión.
Es ese instante, precisamente, el que Aliénor Massenet intenta capturar con el perfume.
La propia perfumista explica que quiso trabajar sobre una tensión entre la suavidad vegetal y la sensualidad animal. Entre una primera impresión luminosa y casi inocente y una segunda dimensión mucho más corporal, oscura e instintiva.
La transformación no ocurre de golpe. Se produce poco a poco, mientras la fragancia permanece sobre la piel.
La salida comienza con angélica confitada, bergamota y davana.
La angélica ocupa un lugar protagonista. Su carácter verde y aromático aparece aquí acompañado por una faceta dulce que suaviza su lado más seco y vegetal. La bergamota aporta luminosidad y una chispa cítrica que abre la composición, mientras la davana introduce un matiz aromático, afrutado y ligeramente licoroso.
Es una apertura que parece luminosa, pero no completamente inocente.
Hay algo en ella que anuncia que la historia todavía no ha comenzado del todo.
La elección de la angélica resulta especialmente interesante porque encaja con esa primera parte del relato en la que el bosque todavía conserva su apariencia serena. Verde, fresco, cálido y lleno de vida.
Pero debajo de esa superficie ya se percibe una cierta inquietud.
En el corazón encontramos cuero, narciso y almizcle.
Aquí comienza realmente la metamorfosis.
El narciso introduce una faceta floral de carácter intenso, mientras el cuero cambia por completo la textura de la composición. Ya no estamos ante un perfume simplemente verde o luminoso: aparece una sensación más cálida, seca y animal.
El almizcle contribuye a acercar todavía más la fragancia a la piel.
Es como si el paisaje comenzara a desaparecer y, en su lugar, cobrara importancia el cuerpo.
La naturaleza ya no se contempla desde fuera. Se siente.
Y es precisamente esa transición la que hace que Éveil du Faune resulte más interesante que una simple composición inspirada en un bosque.
El fondo profundiza todavía más en esta transformación con tabaco, oud y pachulí.
El tabaco aporta calidez y una tonalidad seca, ligeramente ahumada, que introduce una sombra nueva en la composición. El oud aporta profundidad y densidad amaderada, mientras que el pachulí devuelve la fragancia a la tierra, a las hojas húmedas y al suelo del bosque.
Aquí aparece la parte más oscura de la historia.
El perfume se vuelve más profundo, más cálido y sensual, dejando atrás la luminosidad inicial de la bergamota y la angélica.
El recorrido es claro: de lo vegetal a lo animal, de la inocencia al deseo, de la luz a la sombra.
Pero sin que ninguna de esas etapas desaparezca completamente. Las distintas facetas permanecen superpuestas, como ocurre en la propia naturaleza.
Aliénor Massenet
Detrás de esta composición encontramos a Aliénor Massenet, una perfumista de larga trayectoria cuya forma de trabajar se caracteriza por una aproximación muy intuitiva y sensorial a las materias primas.
En su visión de la perfumería tienen especial importancia las emociones y las relaciones entre las distintas materias. Le interesan los contrastes y las texturas: la luz frente a la oscuridad, lo vegetal frente a lo animal, la suavidad frente a la sensualidad.
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| Aliénor Massenet |
En Éveil du Faune, esa forma de entender la creación encuentra un escenario perfecto.
La angélica representa el resplandor inicial. El cuero y el tabaco introducen progresivamente una dimensión más carnal. El perfume no intenta esconder esa contradicción; la convierte en el centro de la composición.
Como explica Massenet, su intención era recrear ese momento fugaz en el que los sentidos despiertan y el deseo comienza a agitar tanto el cuerpo como la mente.
El fauno despierta
Hay una cierta elegancia en la manera en que Hellenist ha llevado la mitología de Folói al perfume.
No ha necesitado convertir la historia en una representación literal de Hércules, Folo o los centauros. Basta con quedarse con aquello que permanece después de retirar los personajes: el bosque, el calor, las hojas húmedas, la luz de otoño y esa sensación de que algo está a punto de suceder.
Éveil du Faune funciona precisamente en ese territorio.
Primero aparece la frescura verde y luminosa de la angélica confitada, acompañada por la bergamota y la davana. Después llega el narciso, y con él el cuero y el almizcle, que acercan la fragancia al cuerpo. Finalmente, el tabaco, el oud y el pachulí dejan una estela más profunda, terrosa, cálida y sensual.
Todo ocurre gradualmente.
Como un despertar.
Y quizá por eso el nombre resulta tan acertado. El perfume no habla tanto del fauno como del momento en que el fauno abre los ojos y descubre algo que hasta entonces permanecía dormido.
En el bosque de Folói, entre robles, hojas húmedas y una luz de otoño que apenas consigue atravesar las ramas, la inocencia dura poco.
Después llega el instinto.
Y Éveil du Faune es, precisamente, ese instante en el que ambos se encuentran.
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